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ONCOCERCOSIS


ONCOCERCOSIS

La oncocercosis es una enfermedad parasitaria crónica causada por un gusano nematodo llamado Onchocerca volvulus y transmitida por varias especies de moscas negras. La infestación parasitaria ocasiona lesiones potencialmente severas en la piel y los ojos, llegando a ser la segunda razón más importante de ceguera en el mundo.[1]

Índice


  • Epidemiología
  • Patogenia
  • Cuadro clínico
  • Leyenda

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Epidemiología


A

AA

AVPP para oncocercosis por 100.000 habitantes

     no data      less than 10      10-50      50-60      60-70      70-80      80-90      90-100      100-150      150-200      200-300      300-400      more than 400

Alrededor del 99% de los casos de oncocercosis ocurren en África[2] Hacia el 2008, alrededor de 18 millones de personas estaban infectadas con este parásito y alrededor de 300.000 personas habían quedado permanentemente ciegas[3] La oncocercosis es actualmente endémica en 30 países africanos, Yemen y algunas regiones de sudamerica.[4]

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Patogenia


La forma adulta del gusano puede permanecer en nódulos del tejido subcutáneo, teniendo limitado acceso al sistema inmunitario de su huésped. Sin embargo, de estos nódulos, las hembras liberan grandes cantidades de larvas, llamadas microfilarias, las cuales, en contraste, son migratorias y capaces de inducir una intensa respuesta inflamatoria, en particular cuando mueren. Se ha descubierto recientemente que al morir, las microfilarias liberan antígenos derivados de la bacteria Wolbachia, disparando la respuesta inmunitaria del organismo hospedador y produciendo inflamación asociada a una significativa morbilidad. Se ha encontrado que las especies de Wolbachia se relacionan con el gusano en una endosimbiosis, tanto en O. volvulus adulto como las microfilarias, y se piensa que son el fundamento de la morbilidad del parásito. La severidad de la enfermedad es directamente proporcional al número de microfilarias y la fuerza de la respuesta inflamatoria resultante.

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Cuadro clínico


El compromiso en la piel consiste, clásicamente, en una intensa comezón, hinchazón, erupciones inflamadas y sarpullidos.[5] Para categorizar el grado de severidad dermatológica, se emplea el siguiente sistema de evaluación:

  1. Dermatitis papular – pápulas pruríticas dispersas;
  2. Dermatitis papular crónica – las pápulas son más notables, resultando en hiperpigmentación;
  3. Dermatitis liquenificada – pápulas hiperpigmentadas con placas, edema, picazón, linfadenopatía e infecciones bacterianas secundarias;
  4. Atrofia de piel – pérdida de elasticidad, llamada en algunos medios «piel de lagarto»;
  5. Despigmentación – «piel de leopardo», usualmente en la parte inferior y anterior de la pierna.

El compromiso ocular le da a la enfermedad el nombre común, ceguera de los ríos. La superficie de la córnea es otra área a donde migran las microfilarias, lugar en que son nuevamente enfrentadas por el sistema inmune. En la zona de mayor daño, ocurre una queratitis punteada, el cual se aclara cuando la enfermedad mejora. Sin embargo, si la infección se vuelve crónica, puede aparecer una queratitis esclerosante, haciendo que se opaque el área afectada. Con el tiempo la córnea entera se vuelve opaca, produciendo ceguera.

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